Historias de Januca

23/Dic/2016

Esc. Esther Mostovich de Cukierman (para CCIU)

Historias de Januca

Cuenta la Historia que en el año 167 a.e.c. el anciano Matatías, de la familia de los Hasmoneos o Macabeos, en la aldea de Modiín, a unos 12 kilómetros de donde hoy está el aeropuerto internacional de Israel, se rebela contra la orden del oficial que le exige arrodillarse frente a la imagen del emperador griego y adorarlo. Matatías mata al oficial y los soldados que lo acompañan. Comienza con esto, la guerra de guerrillas de los hebreos contra los griegos, liderada por Matatías. Los guerrilleros se deslizan en las guarniciones de soldados griegos amparados por las sombras de la noche, degüellan a los soldados, se llevan las armas y la comida que encuentran.
Los griegos responden en forma terriblemente sangrienta. El Talmud recuerda que los griegos encierran en una cueva a unos mil judíos durante un Shabat y prenden fuego a la cueva. Los judíos prefieren morir quemados vivos para no violar el Shabat. Después de esto, Matatías el macabeo dicta una ordenanza: “La vida está antes de la observancia del Shabat”. Ordena luchar en Shabat si el enemigo ataca. Los rabíes del Talmud elaboran, a partir de esta ordenanza de Matatías, la halajá (jurisprudencia) que sigue hasta hoy: los mandamientos de la Biblia se han dado para vivir y no para morir. Hemos visto en la práctica cómo esta halajá sigue vigente en el Estado de Israel. Israel fue atacado por sus vecinos el Yom Kipur (Día de expiación) en el año 1973, con la idea de que los judíos estarían rezando y no tomarían las armas en el día más sagrado del calendario hebreo. Pero los vecinos atacantes sólo habían leído la Biblia, no conocían la halajá (ley jurisprudencial) del Talmud. Para defenderse en 1973, los hebreos interrumpieron sus rezos, salieron inmediatamente de las sinagogas, fueron a sus bases de soldados y tomaron las armas. El Talmud en esta página del Tratado Sanedrín lo dice claramente: para salvar la vida, se pueden violar todos los mandamientos, incluso la observancia del Shabat. Pero esto tiene un límite. Hay tres mandamientos que no se pueden violar, aunque al judío pierda la vida por ello: la prohibición de idolatría, del incesto y del asesinato. Antes de violarlos, es preferible morir.
En el año 164 a.e.c, ya fallecido Matatías, sus hijos, los hasmoneos o macabeos, logran liberar Jerusalem, purificar y rededicar el Templo al Señor de Israel, desplazar a los griegos de Judea, e iniciar una etapa de casi 200 años de un Estado judío independiente.
La festividad de Januca, (inauguración) recuerda esa reinauguración del Templo de Jerusalem, después del saqueo y profanación a que lo habían sometido los griegos. En el año 164 a.e.c. Iehuda el Macabeo fija, para reinaugurar el Templo, el día 25 del mes de Kislev, el aniversario de la fecha del decreto del emperador griego que prohibió a los judíos la práctica de los ritos y el estudio de la Ley hebrea.
Los macabeos deciden celebrar su victoria, no con desfiles militares, como era la usanza griega, sino con una fiesta de inauguración o dedicación, del Templo de Jerusalem. Una forma de demostrar con hechos y pocas palabras que la victoria que más les importa no es la de la espada sino la del espíritu. Reconstruír el Templo les lleva unos dos meses. ¿Cómo fabrican los candelabros para las ceremonias del culto? Dice un midrash (interpretación rabínica), en el Talmud, Tratado Menajot, que los oficiales del ejército macabeo entregan para ello, sus lanzas de hierro. Los artesanos recubren las lanzas con zinc y las armas de guerra se convierten en candelabros para dar luz en tiempos de Paz. En recuerdo de estos materiales toscos usados en ese momento, los candelabros de nueve velas con que se celebra Januca, no se hacen de oro sino de materiales sencillos, como bronce, alpaca, o lata.
Eran candelabros para encender con aceite, y no se encuentra por ningún lado, el aceite puro que preparan los sacerdotes.
El Talmud relata el midrash (interpretación rabínica) más conocido de Januca. Se encontró aceite suficiente sólo para un día de encendido, y ese poco duró ocho días, hasta que salió el aceite nuevo de la prensa. Los rabíes del Talmud llaman al episodio, el milagro de Januca y ordenan recordarlo de ahí en adelante, todos los años, encendiendo luminarias durante 8 días seguidos.
Israel fue un reino independiente bajo los macabeos, durante dos siglos, hasta el 70 e.c. Desde ese entonces, los judíos hemos celebrado Januca año tras año, con un candelabro de nueve velas. El Shamash o vela de encendido y la primera vela se prenden la primera noche, agregando una vela por día hasta llegar a la octava noche, con todas las nueve velas prendidas.
¿Cuál es la comida tradicional de la festividad de Januca?
En las comunidades de judíos europeos, en memoria de aquel aceite milagroso, sobre la mesa se ponen comidas fritas en aceite. Lo tradicional son los latkes (buñuelos, o panqueques) de papa rallada. ¿Por qué de papa? La papa fue una de las novedades que América le regaló al continente europeo. ¿Saben algo interesante? Las primeras plantaciones de papas en Europa tuvieron poco éxito, la gente se comía las hojas… y tiraban esas raíces pegoteadas de tierra. Hasta que aprendieron que lo bueno, justamente, eran esas raíces, es decir, las papas. Lo cierto es que las papas crecieron muy bien en las tierras europeas y pronto se convirtieron en la comida más barata y popular Por eso, los latkes de papa eran los más comunes en Januca.
¿Y de qué hacían los judíos europeos los buñuelos de Januca en la temprana Edad Media, antes que Europa conociera las papas? ¿Harina? Parece que no. Las conocidas bolas de harina, huevos y leche rellenas de dulce y fritas en aceite, llamadas “ponchkes” en idioma Idish o “ sufganiot” en Hebreo, son costumbre de Januca más tardías. La antigua tradición hebrea de Januca no habla de frituras de harina sino ¡de queso blanco!
¿De dónde viene la temprana tradición de comer queso en la festividad de Januca? Según el erudito judío francés Charles Goldszlagier, la tradición viene del Libro de Judith , que fue considerado apócrifo y no ingresó al Tanaj, la Biblia Hebrea, pero si, a la Septuaginta, la traducción al griego de la Biblia que acepta la Iglesia Católica. Charles Goldszlagier cita al rabino Nissim ben Reuben Gerondi , más conocido como RAN ( Barcelona, 1340 -1380 ) y a Rabi Moses Isserles , el célebre REMA (Cracovia, 1520-1572), quienes mencionan la tradición de comer queso en Januca,” en recuerdo del milagro de Judith, que sucedió por el queso que ella dio de comer al enemigo”.
No sabemos cuál versión del Libro de Judith pudo conocerse en la Edad Media. La versión original del Libro se ha perdido, pudo haberse escrito en idioma hebreo o en arameo y se redactó posiblemente en la época de los macabeos. Una tradición dice que Judith era hija de Iojanán, uno de los hijos de Matatías el Macabeo.
Se han conservado algunas traducciones del libro de Judith al griego, la más conocida es de la Septuaginta, de la cual la Iglesia católica tradujo la Biblia a todos los idiomas.
Lo curioso es que mientras la tradición hebrea dice que Judith trajo queso salado y vino dulce para Holofernes, la Septuaginta no dice que Judith hubiera dado su comida y bebida al enemigo. La Septuaginta cuenta que Judith es una viuda joven que habitaba en la ciudad de Betulia, (una ciudad amurallada que no ha podido ser identificada) Sitiada por el general “asirio” Holofernes, (que no figura en la Historia conocida) bajo las órdenes del emperador Nabucodonosor (que reinó en Babilonia, un siglo y medio después de caer el imperio asirio, de modo que la veracidad del episodio es bastante dudosa). En cualquier caso, según el relato, Holofernes corta las fuentes de agua de la ciudad de Betulia y las autoridades de la ciudad deciden rendirse a los asirios. En ese momento aparece Judith en la escena. Viuda joven, culta y adinerada, muy piadosa y creyente en el Señor de Israel.  Se presenta ante los magistrados de la ciudad y los acusa de ser hombres de poca Fe. Ella quiere tratar de liberar a la ciudad, con la ayuda del Señor de Israel y un plan que ha ideado. Los mayores de la ciudad le dan su permiso. Lo cual deja muy en alto la consideración a la mujer en la época. ¡Una ciudad entera que confía en una mujer para salvarse del desastre de la invasión militar!
El texto sigue contando que Judith, con sus mejores galas, acompañada de una servidora, sale caminando en dirección al campamento de los asirios. Conducida a la presencia de Holofernes, logra ganar su simpatía y engañarlo de tal manera que él la invita a un festín en su tienda de campaña. Judith elogia el vino que sirven en esa fiesta y lo incita a beber a Holofernes cada vez más, hasta que Holofernes se queda dormido, totalmente borracho. Los asistentes a la fiesta se retiran y dejan sola a la pareja. Judith toma entonces, con una mano los cabellos de Holofernes y con la otra la espada del General. Con dos certeros golpes de la afilada espada, corta el cuello del dormido Holofernes y se va de la tienda de campaña, entregando la cabeza del General a su servidora para que la guarde en su canasta. Las dos mujeres se vuelven caminando a Betulia. Al otro día, viendo la cabeza de Holofernes colgada en la parte más alta de la muralla de la ciudad, los soldados asirios abandonan el lugar y Betulia queda a salvo. La canción de Judith con la que el libro termina, elogia los milagros que el Señor de Israel realiza para salvar a Su pueblo.
1 Talmud, Tratado Sanedrín, folio 74ª.
2 Talmud, Tratado Shabat folio 21b a 23b.
3 Talmud, Tratado Shabat,( Sábado)